



En esta propuesta se profundiza sobre la pintura como ejecutora de recuerdos y por tanto en todas ellas se presenta una ilusión de lo experimentado tiempo atrás. No es una pintura que priorice el presente de la mirada, ya que los presentes son solo un rato, siempre y es algo que, para este proyecto, he querido evitar. Porque hablo de recuerdo se presupone una espera, ésa que atiende a un entre dos: el suceso que precipita la pintura y el acto pictórico. Durante esa espera puede pasar cualquier cosa porque todo afecta. Por ello también, pintar desde el recuerdo implica pintar hipótesis que sugieren mundos de fantasía y de ficción, lugares que encandilan por la posibilidad de ser cualquier historia. Las hipótesis existen para tratar de responder preguntas como: ¿éramos posibles? ¿hubiéramos podido convertirnos en algo próximo? ¿cuánta proximidad es la oportuna? Durante el recuerdo somos capaces de contestar a esas preguntas y también se materializan ciertos elementos que no se tocan, que sí nos tocan como el viento, por ejemplo. He mirado a Lanzarote como una tierra que corta, unos grises oscuros y cromáticos, un viento que es capaz de desvanecer el paso del día, hasta la intensidad de la noche.







