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Esta historia comienza con una casa en llamas.

Como ocurre siempre siempre, después de los rojos, naranjas, verdes, amarillos, aparece el humo.

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Asfixia.

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(Mascarilla, por favor)

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Vienen las cenizas con unos grises cromáticos tan difíciles de separar que cuesta ver a qué color tienden. Cuando se desvanecen vemos un camino. Lo seguimos. A veces no se acierta a la primera, por eso siempre siempre hay un segundo camino. Esta historia termina con una casa azul, como fue aquella primera.

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